Drones asesinos

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Según cifras de Avizora, el 2010 fue el año más letal en el uso de vehículos aéreos sin tripulación. Todo esto en el marco de la guerra en Afganistán, donde el uso de robots asesinos es una realidad cotidiana. Drones cargados con el armamento suficiente para destruir un pequeño poblado sobrevuelan las tierras rebeldes de Medio Oriente.

La situación es terrible.

Pero se puede poner peor.

Imagínense pequeños drones que puedan tener acceso a sus recámaras, cargados con pequeños proyectiles capaces de causarle la muerte a una o dos personas y además están equipados con la última tecnología de Inteligencia Artificial (IA) para detectar blancos específicos.

Ahora imagínense miles de ellos invadiendo nuestras ciudades…

Este cortometraje nos presenta un futuro distópico no muy alejado de la realidad. De hecho, al final, nos podemos dar cuenta que se trata de una campaña para la regulación del desarrollo de la IA con fines militares, impulsada por el profesor de ciencias de la computación de Berkeley, Stewart Russel.

Hablar de robots inteligentes dispuestos a matar y destruir poblaciones enteras no es un tema menor, y para contribuir al debate propongo acercarnos a la literatura de Isaac Asimov, particularmente al relato de 1942: Runaround, en donde por primera vez aparecen publicadas las tres leyes de la robótica, el eje ético que regula el comportamiento de las máquinas:

  1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

En el imaginario de Asimov los robots representan una extensión del hombre y las tres leyes su código moral. Las máquinas siempre deberán de estar al servicio de la humanidad y nunca atentar en contra de ella, a pesar de su propia aniquilación. Si un robot regido por los principios de las tres leyes y equipado con la más avanzada IA recibiera la orden de matar a una persona, el conflicto generado entra la segunda y la primera ley dañaría gravemente el cerebro positrónico y mataría al robot en cuestión de minutos.

Sin embargo, en nuestra realidad, la tecnología no ha llegado a ostentar esa utópica autonomía moral. Las máquinas letales que hoy existen están al servicio del mejor postor y es por esta razón que el profesor Russel hace un llamado urgente al debate público, un debate que tenga como finalidad establecer los lineamientos éticos necesarios para el desarrollo y el uso de la IA de ahora en adelante.

¿Ustedes que opinan?

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¿Qué es el análisis de la cultura?

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Analizar la cultura es analizar a la humanidad de manera profunda y representa un arduo trabajo, ya que la disección no debe quedarse en lo superficial de la interacción humana, si no que debe profundizar hasta los mismos cimientos simbólicos y significativos que le dan forma a nuestras estructuras de pensamiento. Analizar la cultura es, en pocas palabras, analizar la conducta del ser humano.

En muchas ocasiones hemos escuchado hablar de la cultura, pero en muy pocas ocasiones comprendemos realmente lo que este complejo concepto quiere decir. Esto no se debe a nuestras limitadas mentes humanas, sino más bien a los profundos alcances que esta abstracción puede llegar a tener.  De manera coloquial la cultura normalmente es confundida con las bellas artes, es decir que cuando alguien habla de cultura, normalmente se está refiriendo a alguna manifestación artística, sin embargo la cultura es mucho más que las artes. Podemos decir que la cultura es todo aquello que el animal humano ha creado, desde las herramientas prehistóricas, pasando por el lenguaje abstracto, hasta los autos eléctrico y naves espaciales.

La cultura según Clifford Geertz, importante antropólogo de la Universidad de Harvard, es un sistema ordenado de significaciones y símbolos en virtud de los cuales los individuos definimos nuestro mundo, expresamos nuestros sentimientos y formulamos nuestros juicios.

Leslie White, también antropólogo, distinguió tres componentes fundamentales de la cultura: lo tecnológico, lo sociológico y lo ideológico.

La cultura, Según Albert Kroeber, es un continuum extra somático (no genético) y temporal de cosas y hechos dependientes e independientes del estudio y la simbolización. La cultural consiste en herramientas, implementos, utensilios, vestimenta, ornamentos, costumbres, instituciones, creencias, rituales, juegos y lenguaje”.

Después de este breve acercamiento antropológico podemos asegurar que la cultura es todo lo humano no genético, todo lo que tenga como origen la imaginación y la capacidad simbólica de mujeres y hombres. Es decir, todo el conjunto de información ordenada y definida en forma de ideologías, técnicas e interacción social temporalmente aceptada. Entonces la cultura se encuentra en la interacción entre sujeto y objeto, en la interacción entre significados y significantes, y se transforma conforme el paso del tiempo.

Pero, ¿porqué es importante el análisis de la cultura? Pues por la simple y sencilla razón de que para poder accionar de manera significativa y orientar a la humanidad hacia un cambio o transformación social positiva es fundamental conocernos y comprendernos a nosotros mismos desde la raíz, ya que la cultura no es algo que se halla creado ayer de forma espontánea, la cultura es milenaria, está con nosotros desde los orígenes.

La culturología es una subrama de la antropología social, la cual centra su objeto de estudio en el conocimiento del ser humano, al igual que las costumbres, mitos, creencias, normas y valores que guían y estandarizan su comportamiento como miembro de un grupo social. En la actualidad, un antropólogo cultural se dedica a estudiar y examinar todos los tipos de conducta.

La teoría culturológica es una teoría de la comunicación creada en la década de los sesenta del siglo pasado, la cual determina que el individuo toma parte de una experiencia universal cuando participa en la cultura. Esta teoría coloca un peso muy representativo en los medios de comunicación para la construcción y transformación de la cultura.

La sociología, desde sus orígenes, también se ha interesado por comprender el fenómeno cultural. Emile Durkheim, padre de la disciplina, se aproximó a este concepto desde su teoría de las representaciones colectivas, fundamentadas y estructuradas desde las representaciones religiosas, medio por el cual el hombre prehistórico trató de comprender y darle forma al mundo que lo rodeaba. Durkheim también creía que las representaciones colectivas, y por lo tanto la cultura, eran un fenómeno estático y rígido, sin necesidad de cambio y una responsabilidad individual de adaptarse al entorno social sin generar conflictos. Hoy en día estas características ya no son consideradas como factores reales de la cultura, ya que se sabe que la cultura de los pueblos se ha transformado a lo largo de la historia universal.

Max Weber, sociólogo decimonónico, aseguró que en la acción social está contenida toda la conducta humana en la medida en que el actor le asigna un sentido subjetivo, sin embargo la significación de la acción social depende también de los “receptores”, de quien la recibe, por lo que la cultura se encuentra en constante construcción a través de la significación subjetiva y colectiva de la conducta humana, es decir, a través de la comunicación. Si esto es así entonces podemos asegurar que en la conducta de las personas podemos “leer” la cultura a la cual pertenecen.

Otro sociólogo que abordó de relevante manera el tema de la acción social fue Talcott Parsons, quien en su teoría general de la Acción Humana asegura que existen diferentes sistemas que influyen en cada uno de los sujetos o individuos que forman parte de una sociedad. Estos sistemas construyen nuestras estructuras simbólicas, determinan nuestra interacción social e influyen en nuestro organismo. Él hablaba sobre cuatro grandes sistemas: el cultural, el social, el orgánico y el de la personalidad.

El sistema social es el sistema de integración e interacción humana, es aquí donde se da el proceso de socialización, a través del cual nos culturalizamos. El sistema orgánico es el sistema biológico, nuestras características genéticas. El sistema cultural es el portador de sentido, es el sistema donde se encuentran acumuladas todas las estructuras simbólicas. Y por último, el sistema de la personalidad, que es independiente en cada sujeto o individuo, es el que nos hace ser únicos y le da sentido a toda acción humana.

Parsons reconoce el impacto que tiene el sistema cultural sobre todos nosotros, un sistema que estructura nuestra percepción del mundo, pero también acepta y reconoce que pueden llegar a existir individuos que realicen aportaciones constructivas o destructivas a la cultura, es aquí donde radica la importancia del sistema de la personalidad y su integración en el social, por que a través de esta interacción es como el sistema cultural es transformado. De aquí proviene la idea de que los cambios sociales comienzan por los individuos.

En resumen se puede decir que el análisis de la cultura es analizar la conducta humana y los significados que se ven involucrados en ella, tomando en cuenta el contexto y las características individuales de cada sujeto, por lo que el análisis de la cultura deberá de ser siempre cualitativo. Lamentablemente no todos somos Einstein para que nuestro sistema de la personalidad revolucione nuestros sistemas sociales, culturales y orgánicos. Pero basándonos en el análisis de la cultura y haciendo una reflexión de quienes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, podemos entender gran parte de la realidad social y tratar de transformarla para lograr un futuro mejor…

ABR.

Sociedad bajo los escombros

terremoto-mexico-19-septiembre-1985-10-candidman-1024x692A las trece horas con catorce minutos del pasado diecinueve de septiembre, la tierra sacudió violentamente la vida de millones de seres humanos. No era algo nuevo, ya lo había hecho antes, sin embargo, la mayoría de nosotros entramos en pánico y en contra de todos los protocolos de protección civil gritamos, empujamos y corrimos. La realidad es que no estábamos listos para reaccionar correctamente ante un evento de tal magnitud.

Aquí en la Ciudad de México tiembla diario, es algo cotidiano, y temblores de tal magnitud habían sucedido antes, de hecho, en las últimas seis décadas han sucedido tres fuertes sismos que han dejado afectaciones severas y lamentablemente pérdidas humanas. En 1957 murieron setecientas personas, en el 85 fueron miles (no hay un consenso sobre la cifra real de víctimas), en el 2017 fueron 369. ¿Porqué no hemos aprendido? ¿porqué  se siguen cayendo los edificios? ¿porque seguimos rescatando cuerpos sin vida en estos casos?

Los verdaderos culpables de la tragedia somos todos (tenemos que aprender a responsabilizarnos). La sociedad permisiva que a pesar de las lecciones anteriores no ha hecho mucho para lograr que las normas de construcción se respeten, la sociedad mal hecha que cree saber hacer bien las cosas, la sociedad incapacitada para actuar en un momento de emergencia, la sociedad atrapada bajo los escombros de la corrupción, una corrupción que se filtra tanto en el gobierno como en la población civil.

Nos damos baños de pureza y palmaditas en la espalda diciéndonos a nosotros mismos que somos muy solidarios, que México está unido y de pie. ¡Mentira! la sociedad mexicana está hundida en un círculo vicioso y más fragmentada que nunca. Si realmente fuéramos tan solidarios nos preocuparíamos a diario por los otros seres humanos que comparten el espacio urbano con nosotros, nos preocuparíamos por capacitarnos en rescate y primeros auxilios, nos preocuparíamos por darle mantenimiento a los edificios en donde vivimos, nos preocuparíamos para que ninguna escuela se vuelva a colapsar (o que ninguna guardería se vuelva a incendiar).

La población civil señala al gobierno como incapaz de reaccionar, creyendo que actuar sin pensar ante lo espontáneo es actuar de manera responsable y solidaria. Minutos después del fuerte terremoto voluntarios de buena fe, pero sin conocimientos técnicos sobre rescate, ya se encontraban sobre las estructuras colapsadas moviendo escombro, poniendo en riesgo sus vidas y las de los posibles sobrevivientes atrapados. Todas las oficinas y escuelas dieron salida a millones de seres humanos aterrados, en shock, y lo único que consiguieron fue colapsar la ciudad y entorpecer la circulación de los vehículos de emergencia.

¿Porqué si vivimos en una zona altamente sísmica y de suelos frágiles no estamos capacitados y listos para reaccionar ante la contingencia? Por la maldita costumbre de pensar que no pasa nada, por la maldita costumbre del mexicano de vivir “al ai se va”, por la maldita costumbre de no hacernos responsables de nuestros actos, por la maldita costumbre de no tomar en serio los simulacros.

Ahora, entre muchas otras cosas, los protocolos de protección civil tienen que ser revaluados, tiene que permear en todos los niveles de gobierno y población civil, se debe de dar capacitación a todos los comités vecinales, las 16 delegaciones (próximamente alcaldías) deben de tener listos almacenes de víveres y equipo técnico, los propietarios e inquilinos de edificios en zonas de alto riesgo deben de dictaminar la seguridad estructural de sus inmuebles cada tres años o después de un sismo superior a los cinco grados Richter y el gobierno capitalino debe de lanzar una campaña permanente de comunicación social para mantener a la población en alerta.

Tampoco me mal interpreten, que bueno que existe gente dispuesta a ayudar, que bueno que la mayoría de los damnificados no están desamparados, que bueno que los recursos están llegando a los afectados, pero que no sea de un solo día, que esa supuesta solidaridad se convierta en un verdadero proyecto ciudadano de nación. Todos tenemos mucho por hacer y espero en verdad que lo hagamos. Yo comienzo por este texto, lo tenía que sacar, ahora lo que sigue.

¿La televisión ha muerto?

Será que la increíble novedad que surgió durante la primera mitad del siglo pasado y que logró deslumbrar a la humanidad entera, ahora se encuentre en cuidados intensivos. Ha sufrido muerte cerebral y lo único que la mantiene aferrada a un frágil hilo de vida es un respirador artificial, el cual, sus necios y ambiciosos amos, se niegan a desconectar creyendo estúpidamente que un milagro la salvará.

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La revolución tecnológica que se ha dado durante los últimos años, transformó nuestra realidad de manera inimaginable. Tal vez la caja idiota estaba destinada a desaparecer por completo desde el día de su nacimiento. La innovación social que ha impactado nuestros modos de vida, ha permitido que la comunicación entre los seres humanos sea global e inmediata.

Que tal si te dijera que la televisión y el televisor, como idea y como objeto, no han podido soportar la intensa demanda que las nuevas generaciones han mantenido durante la última década. Como idea, la mutación fue drástica, la televisión dejó de ser la mirada de lejos (tele= lejos, visión= ver) y ahora, la red se ha convertido en el espacio común para todos y ha ocupado su lugar. Por su parte el objeto, el televisor, se ha convertido en un mueble obsoleto que adorna las casas de nuestros abuelos, ha sido remplazado por las pantallas inteligentes.

La televisión como concepto nació en 1900 durante el Congreso Internacional de Electricidad de París cuando Constantin Perskyi lo utilizó por primera vez. En palabras del científico ruso, la televisión es un sistema para la transmisión y recepción a distancia de imágenes en movimiento y con sonido. Dicha transmisión puede ser hecha a través de ondas de radio, por cable o por satélite.

Como podemos ver, la base de la idea original era la transmisión en tiempo real de información codificada en un lenguaje audiovisual. Entonces lo único que mantiene latente aquel sistema arcaico de telecomunicación son los noticiarios, los programas de revista  y los eventos deportivos que se transmiten en vivo y en directo. Si bien la gente sigue consumiendo aquel tipo de contenido soso e insoportable (Loret de Mola y el ticher, Ventaneando y Hoy), lo hace de una manera totalmente distinta.

Y ¿qué pasa con el streaming?

Existe una discontinuidad. Lo que era, dejó de ser. El boom que hemos experimentado a partir del nacimiento de la internet aceleró la producción de hardware de una manera nunca antes vista y esto inundó las calles del mundo entero con pequeños dispositivos inteligentes en donde el usuario o “videovidente” (prosumers), elige lo que quiere ver, en el momento que más lo prefiera y en donde él lo quiera. Las nuevas herramientas y sus formas de acción han forjado un nuevo paradigma.

El nuevo paradigma indica que ahora todo sucede en la “pantalla” y ya no en el “televisor”, el cual funcionaba solamente cuando el programa favorito era transmitido. Ahora, nuestras pantallas funcionan todo el tiempo, nos mantienen informados, entretenidos y no solamente eso, sino conectados al flujo constante de las redes sociales y las dinámicas que se produce segundo a segundo en este siglo XXI.

La muerte es dialéctica, al dejar de existir el significado, el significante también desaparece. Al morir la televisión, el televisor se convierte en un objeto inanimado.

Además, ahora, el medio le pertenece a la gente. Antes, ser dueño de un canal de televisión significaba que previamente a ello deberías de tener grandes cantidades acumuladas de dinero para poder invertir en el costoso equipo de transmisión, en las instalaciones como los estudios y  también pagarle, por supuesto, al equipo de trabajo, camarógrafos, decoradores, técnicos eléctricos, actores o conductores, directores, productores, escritores y cuantos más se les ocurran.

Hoy, la situación es muy distinta. Si bien el canal le pertenece a grandes corporaciones como es el caso de Youtube y Google, no podemos negar que son los usuarios los verdaderos poseedores de los medios de producción. Debido a los cambios en las técnicas de producción y la accesibilidad de ellos a la gente común, este nuevo campo de interacción e integración social, genera también nuevas clases sociales. Nuevos “burgeses menores” (youtubers y otros), que saturan la web de información y que han encontrado su nicho.

Las formas y los medios para comunicarnos se han transformado a lo largo de la historia y una cosa es segura; lo seguirán haciendo.

La evolución social está marcada por sucesos clave que la han transformado a lo largo de la historia. El lenguaje palabra, la agricultura y el sedentarismo, la escritura, la imprenta, la radio, la fotografía, el cine, la televisión, los videojuegos, el internet. Todos estos cambios están relacionados con cambios en el sistema de comunicación social.

Desde los años setentas, cuando nació la primera consola árcade de videojuegos, los medios son interactivos. El nuevo usuario/televidente/videojugador/youtuber fue capaz por primera vez en la historia de controlar completamente lo que sucedía en la pantalla. Según Óliver Pérez, en su significación del videojuego, durante el estreno de Pong en Andy Capp´s, la gente preguntaba que desde qué cadena de televisión se estaba transmitiendo aquella señal. Las cosas ya no son iguales.

El impacto de las tecnologías revolucionó a la sociedad y la transformó, ahora el medio es interactivo y nosotros decidimos que dirección toma. La televisión puede, o no, estar muerta, en realidad no me interesa. Prefiero indagar las maravillas que promete la narrativa interactiva que me ofrecen los nuevos medios.

En el nido de los Strigoi.

Strigoi

Durante gran parte del día la nieve cayó de manera ligera, como si no tuviera prisa, pero cuando el sol se acercó al ocaso, el viento intensificó su fuerza y la tenue nevada poco a poco se transformó en una recia tormenta. El cochero trató de animar a los caballos con un golpe de riendas pero los animales estaban agotados, las escarpadas colinas de pronunciadas pendientes habían consumido todas sus fuerzas y lo único que conseguía era que el vahó saliera de sus fosas nasales con desesperación.

La gente del pueblo nos advirtió sobre los peligros en caso de quedar sin resguardo durante la noche, si no moríamos congelados seguramente sería devorados por las bestias del bosque. Envuelto en el delirio, observé como lentamente el astro rey había ya cruzado el horizonte y había comenzado su descenso a los dominios de Hades. En pocos minutos la oscuridad nos cubriría con su negro manto. La angustia comenzaba a carcomer mi voluntad y a tomar el control de mis actos cuando encajado entre las filosas piedras de la cumbre, apareció la torre más alta del Castillo Poenari.

Hacía años que me encontraba investigando los misterios de la vida y la muerte con el único motivo de develar el extraño vínculo que las mantiene unidas. Había viajado por toda la Tierra conocida tratando de encontrar los secretos prohibidos, aprendiendo las artes ocultas de todas las religiones más antiguas del mundo, indagando en la alquimia de nuestro ancestros y sin embargo, continuaba sin acercarme en los más mínimo a la esencia de la verdad absoluta.

Cuando lo conocí me encontraba en Egipto preparando mi regreso a Londres. Yo bebía una taza de café en el Jan el-Jalili cuando su extraña y oscura figura se sentó a mi mesa justo enfrente de mi persona. Ha de ser una equivocación, fue lo primero que pensé, pero de inmediato sus ojos vacíos se clavaron en los míos y me dijo: sé lo que estás buscando y yo te lo puedo mostrar. Una ráfaga de heladas emociones corrió por mi espina dorsal en ese instante y no supe que decir, él se puso de pie, pagó la cuenta con una moneda de oro y me indicó que lo siguiera.

Después de ese primer encuentro olvidé por completo mi regreso a Inglaterra. Al caer la tarde de ese mismo día sarpamos juntos con destino a Costantinopla, él mismo me solicitó que lo acompañara de regreso para que pudiera mostrarme sus secretos. Nos embarcamos en un pequeño bote de su propiedad y navegamos las aguas del Mediterráneo durante toda la noche. La tripulación de la pequeña embarcación consistía de un viejo y tuerto capitán chipriota, cinco marineros angoleños esclavizados, y el mayordomo, un elegante y bello joven serbio.

Pasado el primer amanecer atracamos en la isla de Rodas. Los días los pasábamos en tierra y al ocultarse el sol navegábamos para poder aprovechar el viento a nuestro favor. El navío surcó entre los archipiélagos griegos durante cuatro noches más, y todas las madrugadas hicimos tierra en diferentes puertos. Kefalos, Kirykos, Cesme y Mitiline nos resguardaron durante nuestra travesía por el Egeo. Durante la sexta noche cruzamos los Dardanelos y nos adentramos en el mar de Mármara. Justo al séptimo amanecer arribamos a nuestro destino.

La antigua Bizancio, la gran Constantinopla, el centro de comercio más importante del Imperio Romano de Occidente, nos recibió como siempre con su agitado tránsito. Por ser un punto clave para la reconquista de las tierras santas, seguía siendo estratégico para los intereses cruzados de la Santa Sede. Esa era la única razón del porqué, a pesar de la caída de Jerusalén, todavía se podía ver a algunos Templarios caminar por las calles aledañas al Gran Bazar. Hacía poco más de nueve años que Miguel VIII había arrebatado el control del puerto al Imperio Latino y al emperador Juan IV le arrancó los ojos y lo desterró. Dicen los rumores que todavía se puede encontrar con el ciego deambulando por las tierras aledañas.

Cuando hicimos tierra bajé del navío de un brinco y mi anfitrión me indicó que saldríamos en un par de horas, tenía el tiempo justo para beber una taza de café. Caminé hasta el bazar y después de mi amarga infusión me dirigí a la gran catedral de la Santa Sofía, por un momento me perdí entra las miles de personas que se arremolinaban en el atrio para escuchar las últimas noticias provenientes desde África: el rey de Francia, Luis IX, había fallecido en su intento por convertir al Emir Moamé al cristianismo. En ese momento, yo no lo sabía, pero la novena cruzada estaba por comenzar. Cuando me percaté de la hora volví corriendo a los muelles y me enteré que mi más reciente amigo había decidido, por circunstancias desconocidas, adelantar su regreso al principado de Valaquia.

CONTINUARÁ…

 

El día que conocí a David Bowie o cómo sucedió mi primer encuentro con Ziggy Stardust

Corría el año de 1961, era el medio día y todo indicaba que sería otra calurosa tarde de verano. Yo me disponía a refrescarme bebiendo un vaso de limonada mientras disfrutaba mis últimas horas de soledad leyendo las primeras páginas de La Agonía y el Éxtasis. Me senté en mi viejo sillón, herencia de mi padre, ubicado a un lado de la ventana, lo que me permitía echar un ojo de vez en cuando a la clásica vista de los suburbios londinenses que tanto me gusta.

La novela comenzaba así: estaba sentado ante un espejo dibujando su propio rostro: las enjutas mejillas, los altos pómulos, la amplia y achatada frente, y las orejas, colocadas demasiado atrás en la cabeza, mientras los oscuros cabellos caían hacia adelante, sobre los ojos color ámbar de pesados párpados.

Mencioné que en ese momento me disponía a disfrutar de mis últimas horas de soledad debido a que mi adorable esposa, Magy, regresaría a casa a las cinco en punto. Ella era maestra de secundaria en una pequeña escuela ubicada a unas cuantas cuadras de nuestro nuevo hogar, yo estaba medio desempleado. Hace un año nos habíamos mudado desde Birmingham, precisamente porque ella había conseguido aquel trabajo tan soñado, y lo único que yo había conseguido hasta ese momento era hacerme cargo de un curso sabatino de música en el Community Centre de Bromley. Recuerdo muy bien que en ese entonces mi sueño era ser uno de los primeros violines de la orquesta sinfónica de Londres.

En ese momento no imaginé la sorpresa que me llevaría un año después, cuando sonó el teléfono y me informaron que mi audición había sido un éxito y que el director Monteux quería verme de inmediato. Esa noche Magy y yo celebramos con unos deliciosos riñones de cordero al jerez y bebiendo champagne de la buena. En fin, regresando a aquel verano del 61, mi atención había sido completamente absorbida por los escritos de Irving Stone y las peripecias de Michelangelo, por lo que no me percaté de la presencia de mi esposa hasta que tocó por detrás mi hombro izquierdo.

El sobre salto aceleró mi corazón, Magy se disculpó por el susto que me había hecho pasar y después de servirse un vaso de limonada me dio la terrible noticia, recuerdo sus palabras como si hubieran salido de su boca ayer: uno de mis alumnos está interesado en adquirir los conocimientos musicales básicos y vendrá más tarde para unas clases particulares, dijo. Yo palidecí al instante, uno de los muchos adolescentes de su colegio, ¿entraría a mi casa para aprender música?… de inmediato exigí una explicación, ella sabía lo mucho que detestaba la idea de dar clases particulares. Lo único que dijo fue: romper la rutina nos hará bien a los dos.

Como es costumbre en mi país, a las cinco de la tarde es la hora del té, así, que mientras Magy dejaba sus cosas en el estudio, me resigné a tener un intruso en mi hogar y serví los bocadillos de salmón y pepino. Mi esposa y yo salimos al jardín a beber nuestra infusión de té negro, a mi me gustaba intenso y con una nube de leche, a ella solo. Divagamos por unos momentos en como sería nuestra vida si siguiéramos en Birmingham, o como sería si yo hubiera aceptado el trabajo de concertista de cámara en Liverpool, en las dos ocasiones vivir en Londres resultó mucho mejor. Entonces el timbre de la puerta nos regresó al momento presente, Magy miró su reloj y dijo: son las seis, ya llegó.

La hora marcada había llegado y no podía hacer nada para evitarlo. Atravesé la cocina y caminé por el pasillo hasta la puerta aguantando las náuseas que me provocaba la simple idea de tratar de enseñar música a un adolescente. En el centro comunitario indiqué claramente que sólo trabajaría con personas mayores y ellos accedieron, ¿por qué no hizo lo mismo Magy? ¿por qué tenía que abrir esa puerta en lugar de salir corriendo por la salida trasera? ¿porque no había aceptado ese estúpido trabajo en Liverpool y así haber evitado ese encuentro tan indeseado? ¿por qué no puedo irme a marte y olvidarme de este adolescente desconocido?

David Bowie

Tomé aire profundamente y después de soltarlo abrí la puerta de golpe. Ahí estaban, su madre y él, un rubio y delgado imbécil vestido con su ridículo uniforme del colegio Ravens Wood, con un absurdo saxofón alto de plástico en la mano y un par de discos de Charles Mingus y John Coltrane bajo el brazo. Vuelvo a las ocho, dijo su madre, ok, le contesté. La mujer se dio media vuelta y se alejó dejando a su vástago bajo mi tutela, yo la vi partir con sobrado dolor y un temor aferrado. Él me miró fijamente y me preguntó que en qué estaba pensando, lo miré de igual manera y le contesté que me causaba mucha curiosidad saber si había vida en Marte, solo se encogió de hombros y entró sin pedir permiso.

Confesiones de un sicario

Nos tienen rodeados, eso fue lo primero que dijo el Chapo con la tranquilidad que lo caracterizaba siempre. Teníamos casi dos horas en completo silencio, encerrados en la diminuta y cutre habitación de aquella pocilga que habíamos ocupado como casa de seguridad. Ahí habíamos acordado  reunirnos con el Cholo, lugarteniente encargado de la seguridad del jefe y de retomar el control de Los Mochis. Entonces el patrón volvió a mirar sigiloso por el resquicio que había entre la cortina y la ventana de la habitación. Ahí están, dijo, aunque no los veo, los siento a los hijos de la chingada.

EL CHAPO

Hace casi seis meses que el patrón se había fugado del penal del Altiplano, al menos eso dicen, la verdad yo no sé que fue lo que sucedió, solo sé que un día estaba en la cárcel y al otro en su rancho Los Pollos. Ese día me llamaron muy tarde por la noche para reunirme con él, a primera hora del día siguiente llegué y presenté mis respetos, de inmediato me asignaron mis nuevas tareas (yo siempre me había hecho cargo de administrar las 500 hectáreas de amapola), ahora me tocaba cuidar las espaldas del patrón y mantenerlo en constante movimiento. La reunión duró dos minutos y medio, después de eso subimos a una camioneta Hummer negra blindada y salimos chillando llanta.

Yo confiaba en el sexto sentido del patrón, un cabrón que se fuga dos veces de penales de alta seguridad debe de saber algo que el resto de nosotros no, si él decía que ahí estaban, ahí estaban. A las cuatro de la madrugada se escuchó el primer tiro, él continuaba asomado por la ventana, me volteó a ver y sus ojos tranquilos se clavaron en los míos, te lo dije, murmuró mientras se ponía de pie. Una marejada de detonaciones le siguieron al eco de la primera, el escuadrón de sicarios repartidos alrededor de la zona defenderían el bastión, pero no por mucho tiempo y el Chapo lo sabía.

Los días siguientes de haberme presentado en el rancho no paramos de rodar de pueblo en pueblo, yo que comencé mi carrera como sicario de poca monta nunca imaginé compartir coche con el jefe, mucho menos estar a cargo de su seguridad personal, pero ahí andaba, de arriba a abajo por la sierra de Sinaloa escoltando al Chapo Guzmán. No paramos hasta el vigésimo día, lo hicimos en Mazatlán, en la torre Miramar, guardamos la troca en el estacionamiento subterráneo y subimos al departamento 401, ahí ya nos esperaba el Cholo y unos pinches gringos que según le habían conseguido al patrón unos misiles antiaéreos y antitanques.

EL CHAPO 4

Cogí mi fusil AR-15 y salí detrás del Chapo, la balacera había subido de intensidad y se escuchaba recio, caminamos por los pasillos estrechos de la pequeña construcción. La cosa se estaba poniendo color de hormiga allá afuera y mis nervios comenzaban a traicionarme, las rodillas me temblaban un poco y eso dificultaba mi andar, pero al jefe no se le movía ni un pelo. Este cabrón tiene huevos, pensé mientras seguí sus pasos hasta el callejón de servicio, ahí encontramos al Cholo, venía corriendo, ahí vienen, dijo agitado, ahí vienen los pinches marinos.

Después de ver a los gringos aquellos y cerrar el trato, nos quedamos un par de días más en el departamento del Miramar. En una ocasión los hijos del patrón fueron a visitarlo, hablaron sobre el reforzamiento de las rutas comerciales de Los Remedios a Nogales, porque los chamacos, Joaquin y el Quiqe, habían flaqueado últimamente, eso es lo que pasa cuando uno es junior hijo de papi, después pedimos unos callos de hacha y unas cheves. Al día siguiente nos encontramos con El Bravo en la pista y volamos a Los Cabos.

Cuando el jefe escuchó de la voz del Cholo que los marinos ya estaban ahí apuró el paso, ya teníamos la ruta bien definida, corrimos al fondo del callejón y por una coladera que ya teníamos abierta nos metimos al drenaje. El patrón y el Cholo iban por delante, yo cuidando la retaguardia, y aunque el ambiente olía de manera penetrante a mierda seguimos adelante hasta la intersección marcada, caminamos un par de kilómetros más por aquel laberinto oscuro, el Chapo conocía esos túneles como la palma de su mano.

En Los Cabos nos quedamos un mes, después manejamos a La Paz y de ahí volamos a San Diego, el patrón vio a sus gemelitas y a su vieja la Emma Coronel, después de unos días anduvimos seis horas y media por carretera hasta Tucson, Arizona, ahí dormimos un par de noches mientras el patrón arreglaba unos asuntos. Regresamos a México por Nogales, esa es la parte menos vigilada de toda la frontera, pasamos la ciudad como si nada, anduvimos una cuatro horas más por terrasería hasta La Compañía, ahí nos esperaba el licenciado Dámaso López y una Cessna café con líneas verdes, entonces volamos de vuelta a Sinaloa.

EL CHAPO 2

Cuando salimos del otro lado de la coladera los tres apestábamos a aguas negras y ya era pasado el medio día, estábamos cerca del hospital Fátima, los agentes federales nos pisaban los talones. Un pendejo esperaba el siga en el semáforo más cercano, me le paré enfrente apuntando con mi fusil mientras el patrón se subió por lado del copiloto y el Cholo lo bajó, yo me trepé por atrás. Agarra hacia Navojoa, dijo el patrón, y arrancamos durísimo por la López Mateos. En el cruce con la autopista los ojetes marinos nos cerraron el paso, la reacción inmediata fue el volantazo y no nos quedó de otra que entrar directo al motel de quinta para enamorados que se encuentra a la salida de la ciudad.

Aquella vez el Cessna aterrizó muy cerca de Culiacán, al parecer las cosas se habían relajado bastante porque el patrón decidió quedarse en su casa por un buen rato, estuvimos ahí algunos meses, todo el mundo lo sabía. Un día por la noche llegaron unos productores de cine y se sentaron a hablar con el jefe durante horas, hasta se tomaron la foto. Al día siguiente el patrón comió con el Gobernador y después recibió una llamada de Caro Quintero, acordaron una cita en Los Mochis, según que los Beltrán querían ceder la plaza, el Chapo dudó por un momento, pero salimos al día siguiente y nos encerramos durante días en la pocilga donde todo esto comenzó.

Entramos derrapando, el jefe y El Cholo se bajaron y corrieron al interior del maldito motel, yo descendí del vehículo y lo primero que hice fue abrir fuego en contra de los Federales que venían detrás de nosotros, todos ellos retrocedieron y entonces me sentí poderoso, yo solo contra la Armada de México, detone una tras otra mis municiones, por cada casquillo percutido mi ego crecía y crecía hasta que se terminó el parque. Entonces un hijo de puta uniformado salió por detrás de los arbustos y detonó dos proyectiles, el primero impactó mi rodilla derecha, cuando caí de cuclillas todo terminó con el segundo impacto directo a mi maldita frente. Todo lo que sigue es historia.

EL CHAPO 3

Este fue un ejercicio de narrativa emergente.