Sociedad bajo los escombros

terremoto-mexico-19-septiembre-1985-10-candidman-1024x692A las trece horas con catorce minutos del pasado diecinueve de septiembre, la tierra sacudió violentamente la vida de millones de seres humanos. No era algo nuevo, ya lo había hecho antes, sin embargo, la mayoría de nosotros entramos en pánico y en contra de todos los protocolos de protección civil gritamos, empujamos y corrimos. La realidad es que no estábamos listos para reaccionar correctamente ante un evento de tal magnitud.

Aquí en la Ciudad de México tiembla diario, es algo cotidiano, y temblores de tal magnitud habían sucedido antes, de hecho, en las últimas seis décadas han sucedido tres fuertes sismos que han dejado afectaciones severas y lamentablemente pérdidas humanas. En 1957 murieron setecientas personas, en el 85 fueron miles (no hay un consenso sobre la cifra real de víctimas), en el 2017 fueron 369. ¿Porqué no hemos aprendido? ¿porqué  se siguen cayendo los edificios? ¿porque seguimos rescatando cuerpos sin vida en estos casos?

Los verdaderos culpables de la tragedia somos todos (tenemos que aprender a responsabilizarnos). La sociedad permisiva que a pesar de las lecciones anteriores no ha hecho mucho para lograr que las normas de construcción se respeten, la sociedad mal hecha que cree saber hacer bien las cosas, la sociedad incapacitada para actuar en un momento de emergencia, la sociedad atrapada bajo los escombros de la corrupción, una corrupción que se filtra tanto en el gobierno como en la población civil.

Nos damos baños de pureza y palmaditas en la espalda diciéndonos a nosotros mismos que somos muy solidarios, que México está unido y de pie. ¡Mentira! la sociedad mexicana está hundida en un círculo vicioso y más fragmentada que nunca. Si realmente fuéramos tan solidarios nos preocuparíamos a diario por los otros seres humanos que comparten el espacio urbano con nosotros, nos preocuparíamos por capacitarnos en rescate y primeros auxilios, nos preocuparíamos por darle mantenimiento a los edificios en donde vivimos, nos preocuparíamos para que ninguna escuela se vuelva a colapsar (o que ninguna guardería se vuelva a incendiar).

La población civil señala al gobierno como incapaz de reaccionar, creyendo que actuar sin pensar ante lo espontáneo es actuar de manera responsable y solidaria. Minutos después del fuerte terremoto voluntarios de buena fe, pero sin conocimientos técnicos sobre rescate, ya se encontraban sobre las estructuras colapsadas moviendo escombro, poniendo en riesgo sus vidas y las de los posibles sobrevivientes atrapados. Todas las oficinas y escuelas dieron salida a millones de seres humanos aterrados, en shock, y lo único que consiguieron fue colapsar la ciudad y entorpecer la circulación de los vehículos de emergencia.

¿Porqué si vivimos en una zona altamente sísmica y de suelos frágiles no estamos capacitados y listos para reaccionar ante la contingencia? Por la maldita costumbre de pensar que no pasa nada, por la maldita costumbre del mexicano de vivir “al ai se va”, por la maldita costumbre de no hacernos responsables de nuestros actos, por la maldita costumbre de no tomar en serio los simulacros.

Ahora, entre muchas otras cosas, los protocolos de protección civil tienen que ser revaluados, tiene que permear en todos los niveles de gobierno y población civil, se debe de dar capacitación a todos los comités vecinales, las 16 delegaciones (próximamente alcaldías) deben de tener listos almacenes de víveres y equipo técnico, los propietarios e inquilinos de edificios en zonas de alto riesgo deben de dictaminar la seguridad estructural de sus inmuebles cada tres años o después de un sismo superior a los cinco grados Richter y el gobierno capitalino debe de lanzar una campaña permanente de comunicación social para mantener a la población en alerta.

Tampoco me mal interpreten, que bueno que existe gente dispuesta a ayudar, que bueno que la mayoría de los damnificados no están desamparados, que bueno que los recursos están llegando a los afectados, pero que no sea de un solo día, que esa supuesta solidaridad se convierta en un verdadero proyecto ciudadano de nación. Todos tenemos mucho por hacer y espero en verdad que lo hagamos. Yo comienzo por este texto, lo tenía que sacar, ahora lo que sigue.

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