¿La televisión ha muerto?

Será que la increíble novedad que surgió durante la primera mitad del siglo pasado y que logró deslumbrar a la humanidad entera, ahora se encuentre en cuidados intensivos. Ha sufrido muerte cerebral y lo único que la mantiene aferrada a un frágil hilo de vida es un respirador artificial, el cual, sus necios y ambiciosos amos, se niegan a desconectar creyendo estúpidamente que un milagro la salvará.

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La revolución tecnológica que se ha dado durante los últimos años, transformó nuestra realidad de manera inimaginable. Tal vez la caja idiota estaba destinada a desaparecer por completo desde el día de su nacimiento. La innovación social que ha impactado nuestros modos de vida, ha permitido que la comunicación entre los seres humanos sea global e inmediata.

Que tal si te dijera que la televisión y el televisor, como idea y como objeto, no han podido soportar la intensa demanda que las nuevas generaciones han mantenido durante la última década. Como idea, la mutación fue drástica, la televisión dejó de ser la mirada de lejos (tele= lejos, visión= ver) y ahora, la red se ha convertido en el espacio común para todos y ha ocupado su lugar. Por su parte el objeto, el televisor, se ha convertido en un mueble obsoleto que adorna las casas de nuestros abuelos, ha sido remplazado por las pantallas inteligentes.

La televisión como concepto nació en 1900 durante el Congreso Internacional de Electricidad de París cuando Constantin Perskyi lo utilizó por primera vez. En palabras del científico ruso, la televisión es un sistema para la transmisión y recepción a distancia de imágenes en movimiento y con sonido. Dicha transmisión puede ser hecha a través de ondas de radio, por cable o por satélite.

Como podemos ver, la base de la idea original era la transmisión en tiempo real de información codificada en un lenguaje audiovisual. Entonces lo único que mantiene latente aquel sistema arcaico de telecomunicación son los noticiarios, los programas de revista  y los eventos deportivos que se transmiten en vivo y en directo. Si bien la gente sigue consumiendo aquel tipo de contenido soso e insoportable (Loret de Mola y el ticher, Ventaneando y Hoy), lo hace de una manera totalmente distinta.

Y ¿qué pasa con el streaming?

Existe una discontinuidad. Lo que era, dejó de ser. El boom que hemos experimentado a partir del nacimiento de la internet aceleró la producción de hardware de una manera nunca antes vista y esto inundó las calles del mundo entero con pequeños dispositivos inteligentes en donde el usuario o “videovidente” (prosumers), elige lo que quiere ver, en el momento que más lo prefiera y en donde él lo quiera. Las nuevas herramientas y sus formas de acción han forjado un nuevo paradigma.

El nuevo paradigma indica que ahora todo sucede en la “pantalla” y ya no en el “televisor”, el cual funcionaba solamente cuando el programa favorito era transmitido. Ahora, nuestras pantallas funcionan todo el tiempo, nos mantienen informados, entretenidos y no solamente eso, sino conectados al flujo constante de las redes sociales y las dinámicas que se produce segundo a segundo en este siglo XXI.

La muerte es dialéctica, al dejar de existir el significado, el significante también desaparece. Al morir la televisión, el televisor se convierte en un objeto inanimado.

Además, ahora, el medio le pertenece a la gente. Antes, ser dueño de un canal de televisión significaba que previamente a ello deberías de tener grandes cantidades acumuladas de dinero para poder invertir en el costoso equipo de transmisión, en las instalaciones como los estudios y  también pagarle, por supuesto, al equipo de trabajo, camarógrafos, decoradores, técnicos eléctricos, actores o conductores, directores, productores, escritores y cuantos más se les ocurran.

Hoy, la situación es muy distinta. Si bien el canal le pertenece a grandes corporaciones como es el caso de Youtube y Google, no podemos negar que son los usuarios los verdaderos poseedores de los medios de producción. Debido a los cambios en las técnicas de producción y la accesibilidad de ellos a la gente común, este nuevo campo de interacción e integración social, genera también nuevas clases sociales. Nuevos “burgeses menores” (youtubers y otros), que saturan la web de información y que han encontrado su nicho.

Las formas y los medios para comunicarnos se han transformado a lo largo de la historia y una cosa es segura; lo seguirán haciendo.

La evolución social está marcada por sucesos clave que la han transformado a lo largo de la historia. El lenguaje palabra, la agricultura y el sedentarismo, la escritura, la imprenta, la radio, la fotografía, el cine, la televisión, los videojuegos, el internet. Todos estos cambios están relacionados con cambios en el sistema de comunicación social.

Desde los años setentas, cuando nació la primera consola árcade de videojuegos, los medios son interactivos. El nuevo usuario/televidente/videojugador/youtuber fue capaz por primera vez en la historia de controlar completamente lo que sucedía en la pantalla. Según Óliver Pérez, en su significación del videojuego, durante el estreno de Pong en Andy Capp´s, la gente preguntaba que desde qué cadena de televisión se estaba transmitiendo aquella señal. Las cosas ya no son iguales.

El impacto de las tecnologías revolucionó a la sociedad y la transformó, ahora el medio es interactivo y nosotros decidimos que dirección toma. La televisión puede, o no, estar muerta, en realidad no me interesa. Prefiero indagar las maravillas que promete la narrativa interactiva que me ofrecen los nuevos medios.

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